Todavía nos queda
Tendemos a repetir grosso modo lo que recibimos en nuestra infancia, (mono imitamonos, nos decíamos cuando nos copiaban...).
Vemos a los otros como nos enseñaron a mirarlos y nos cuesta Dios y ayuda ver algo más: Los hombres a las mujeres. Las mujeres a los hombres. Los nacionales a los extranjeros del sur. Los extranjeros del norte a los nacionales. Los creyentes a los descreídos (métase aquí cualquier versión de creencia, por no decir "a esas otras religiones de segunda" que son las otras). Los descreídos a esa sarta de ingenuos que son los creyentes. Los de derechas a los de izquierdas. Los de izquierdas a los de derechas. Los míos a los extraños. Los extraños entre sí... (No estoy hablando de ideas, sino de la práctica diaria. Ser políticamente correcto a nivel verbal es relativamente fácil.)
Las interpretaciones que hacemos los padres del comportamiento de nuestros hijos suelen estar muy mermadas. Ni siquiera vemos que muchas de esas interpretaciones son presunciones aprendidas o reflejo de nuestras propias limitaciones. Ni siquiera vemos que a veces somos nosotros los que provocamos mecanismos de defensa que no les hacen ningún bien, los que los alejamos por intrasigencias de dudosa consistencia, anulamos o hacemos dependientes por exceso de protección, o dejamos a la intemperie sin recursos por exceso de presuponer que son mayores y tienen que saber lo que no les hemos enseñado, por abandono.
Hay dos referencias que me encantan. Una es de Amín Maaluf. En un ensayo de 1998, Identidades asesinas, habla de lo difícil que nos resulta deshacernos de esas identidades que pueden llevarnos a odiar, a matar al diferente.
Otra proviene de un proverbio africano: "Para educar a un niño hace falta toda la tribu", con el que yo entiendo la importancia de rodearlo, desde su nacimiento, de un gran diversidad dispuesta a mostrar su mejor versión, dejarla a su alcance, complementar con esa cercanía, esa responsabilidad, eso a lo que los padres no llegan.
¿Llegarían a poder valorar como iguales a sus iguales, independientemente de género, raza, cultura, estatus social o ideario político?
A la vista de cómo está el barrio todavía nos queda mucho por aprender.
Por aquí vamos y, a pesar de todo, vamos avanzando poco a poco.
¿Plasmar toda esta diarrea mental en un cacharro de barro? A ver cómo lo hago.


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