El primo de Newton


 Isaac era primo del famosísimo Isaac por línea paterna. Era costubre en la familia que los primeros hijos varones llevaran ese nombre y él no fue menos.

Nuestro Isaac fue un niño normal, de los que hacen chuletas para los exámenes, resuelven los problemas a la cuenta de la vieja y tienen las rodillas llenas de costras de correr por todos sitios y caerse.

Ya por entonces su madre notó que solía llegar a casa con  los bolsillos de la chaqueta llenos de restos de manzana,   papeles de caramelos, viruta de lápiz, restos de goma de borrar... "Cosas de niños"- pensaba. Y luego le pedía que fuera un poco menos descuidado.

Se fue haciendo mayor con la presión de tener que hacer honra a su primo y llegó  a pesarle tanto que fue como si su masa se multiplicase.  De adulto  observó que la fruta se caía a su paso. 

-¡Mira!. se decía- ¡Esto va a ser cosa de familia! 

Pero cuando empezó a hacerse una costumbre odiosa, por los golpes que recibía, empezó a pensar si la fuerza de la gravedad no querría decirle algo. 

Consultó con un futurólogo que llegó a decirle que su novia lo acusaría de maltrato, que se hiciera urbanita para no convocar el mal agüero.

Un físico le aseguró que las leyes físicas tenían poco que ver con el azar, y  que esa atracción poco común sobre las manzanas no tenía explicación científica.

Un psicólogo diagnosticó que la presión imaginaria que sentía era tal, que actuaba como si realmente estuviera, y que por eso, su masa eficaz era tan grande que actuaba todo él como centro de atracción gravitatoria, eso sí, en este caso,  el carácter psicológico la hacía claramente específica para el fruto manzano. Por más que hizo terapia, no consigió pasear por la huerta familiar sin provocar un derramamiento de fruta. Para más INRI, consiguió eliminar la atracción específica y ahora se le llenan los bolsillos de arenilla y cualquier cosa dulce

Se lo han llevado a la NASA. Parece que esa capacidad de atracción de masas  podría ser útil en la toma de muestras de planetas inexplorados. Me han dicho que se le está subiendo la fama a la cabeza.

A mí me gustaba más cuando, de paseo, íbamos a comprar chuches y pensábamos que Mariano. el dueño del kiosko, lo tenía enchufado.

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