"Cerrado por defunción"

 "Cerrado por defunción"

No entendía la palabra defunción, porque si era lo que él pensaba la cosa no cuadraba.

Defunción era, o él creía, que alguien se había muerto, se había ido para siempre sin posibilidad de retorno, de aclarar lo no explicado, lo que entendió al leer tal o cual cosa, lo que sintió ante las cosas que le contaba cuando se hacía el mudo. De volver a reír juntos.

Y sin embargo de vez en cuando le asaltaba su presencia.

A veces era una idea. Algo típico que hubiera dicho el supuesto fiambre y que a él jamás se le hubiera ocurrido. Otras veces era un impulso, como el de empezar  a contar algo a alguien que escucha con atención.

Otras, eso era mucho más triste, veía sus textos. Y en ellos descubría palabras dichas sólo para él. Era en aquellos momentos en los que pensaba poner él mismo el cartel. Cerrarse por defunción de relación. Por muerte súbita. Y no saber ya nada más para no poder sentir ese muro que la otra pessoa había construido a su alrededor.

Se había transformado, igual que sus gusanos de seda, de forma absolutamente irreconocible. La persona que él conocía ya no estaba aunque siguiera viva en su cabeza y tal vez incluso fuera de ella, pero no para él, ni como él la suponía. Nunca más. 

Había pasado a existir en pretérito perfecto. Y como todo lo que vive en ese tiempo, era un instante acabado. Lo que conoció aquel fatídico día en que vio el cartel, era ya otra cosa. Tal vez a veces insinuado, pero tan veladamente, que no podía identificarlo, le podía el desconcierto.

Vivía entre la seguridad de lo que había vivido y la rabia por haber sido parcialmente inventado, por haberse creído su propia mentira.

Tenía la posibilidad de seguir viviendo más allá del aire real que respiraba. Pero le pareció que aquello podría resultar demasiado etéreo, sin ancla. Una vida que no era tal, sino un sueño con continuos desengaños.

Así que decretó el fin de una etapa  dichosa. Firmó con determinación el cese del desajuste de imagen. Guardó ese mundo común, porque nunca se sabe si en otra vida pudiera ser de utilidad. Dejó que se adueñara de él mismo el sentimiento de gratitud por lo vivido y se fue a dormir.

Esa noche soñó que veían juntos un muchachito inválido al que  él  ayudaba a alejarse  con  su mejor amiga. Después de aquello, ellos, que habían sido compinches de elucubraciones varias y creadores de un sinfín de mundos paralelos, se despedían con un beso ligero en la cabeza, evitando cualquier contacto físico mayor.

Cuando despertó supo que era su propio cartel el que había leído. Tenía una nueva vida. Tan completamente nueva que apenas se reconocía a sí mismo. 

Se mandó hacer nuevas tarjetas de visita. Se recordó a sí mismo con una sonrisa que fue casi burlona: Se tuvo que matar sin más remedio

Recorrió nuevos mundos to the infinite and  beyond


Comentarios

  1. ¡Hola Loles! Me ha encantado, un texto para reflexionar sobre muchos temas, entre ellos los "carteles" que nosotros mismos nos ponemos y lo que realmente es desaparecer. Besos :D

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    1. Gracias Margarita! A veces es difícil integrar eso que vamos descubriendo en nosotros mismos o los otros. Decir adiós a lo que hemos querido creer pero no es.
      Un abrazo fuerte
      Loles

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  2. Si bien es cierto que mi "futuro" está en el infinito y más allá, también lo es que no necesito todo el proceso relatado...

    Lo mío es, será, un fluir natural. :))))))

    Abrazos Loles.

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  3. Que maravilla de entrada!!!!!!!!!!!!!!!!! Tu personaje tiene mucho parecido con el mio jajajaja eres maravillosa creando historias que yo hoy no podría contar
    abrazos inmensos van Escritora

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    1. Tus historias son increíblemente verosímiles. Nada que envidiar a las mías. Me alegra que te guste!
      Un abrazo fuerte

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  4. Lo de menos es morirse, si es que se tiene la facultad de resucitar. En eso me dejó pensando tu historia. Un abrazo, Loles.

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    1. Pues la verdad es que en ese caso poco importa! Un abrazo Miguel

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